Da más lastima ver a un hijo de Dios que nació para ser un hijo o una hija de Dios, esclavizado por el mundo, que lo es ver al águila en la jaula. El mundo ha enjaulado a las personas. Barreras denominacionales impiden que ellos sean lo que Dios los puso en la tierra para que fueran: hijos e hijas de Dios. Y es una escena lastimosa, ver a un ser humano que al parecer es inofensivo, atado por el pecado, y solo azotándose los sesos corriendo de taberna en taberna, de lugar a lugar, y de entretenimiento a entretenimiento, buscando encontrar satisfacción, cuando solo Dios tiene la satisfacción que los puede satisfacer. Dios hizo a un hombre para tener sed de Él.