Pero a mí me gusta un purasangre genuino. ¡Oh, él es manso! Ud. le puede hablar. Él sabe quién era su papá, quién era su mamá; quiénes eran su abuelo y su abuela. Él tiene documentos de pedigrí para mostrar de dónde vino.
Y a mí me gusta el Cristiano de pedigrí, que puede regresar hasta la Palabra de Dios al Día de Pentecostés, y que se identifican allí con los santos, donde el Poder del Espíritu Santo vino sobre ellos. Ese es un Cristiano de pedigrí. Él sabe de dónde vino. Él no se identifica con metodistas, bautistas, ni con alguna otra cosa;
él se identifica en la Palabra de Dios. Él sabe exactamente en dónde está parado. La Sangre real de su Padre corre en él, la Sangre de Jesucristo. ¡Él sabe lo que Ella hace! Él cree toda Palabra. Dios obra por medio de él y la confirma con las señales que Él prometió que le seguirían. Él no sufre de amnesia espiritual, él es un purasangre genuino; eso me gusta.