Elías y Eliseo

La vida de Eliseo estaba a punto de cambiar para siempre. Por lo que sabemos, él sólo era un granjero. Pero todo cambió el día que conoció al profeta de Dios…

Eliseo debió pasar un día largo y caluroso. Estaba afuera arando los campos con 12 yuntas de bueyes delante de él. De repente, un hombre pasó y le arrojó su manto. Era el profeta Elías.

NOTA: Una yunta es un par de bueyes unidos por un yugo de madera, así que Eliseo en realidad estaba arando con 24 bueyes.

Eliseo dejó los bueyes y corrió hacia a Elías. Le dijo: “Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré”. Elías lo dejó ir. Eliseo rápidamente hizo un sacrificio y preparó una comida para su familia. El Hermano Branham dijo que este sacrificio mostraba que para él todas las cosas del mundo quedaron muertas.

Cuando Eliseo regresó para seguir a Elías, debió sentirse un poco nervioso. Era el comienzo de una nueva vida para él. Nada volvería a ser igual.

Emprendieron su viaje en la ciudad de Gilgal, donde Elías le dijo a Eliseo que se quedara, o esperara, porque el Señor lo había enviado a la ciudad de Bet-el.

Eliseo no estaba dispuesto a dejar al profeta: “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré”. Entonces descendieron juntos a Bet-el.

Luego, en Bet-el ocurrió lo mismo cuando el Señor llamó a Elías a la ciudad de Jericó; después, volvió a suceder, esta vez, en la ciudad del Jordán, pero Eliseo rehusó separarse de Elías una y otra vez.

Aunque Elías le dijo a Eliseo que se quedara en cada lugar por el que pasaban, Eliseo nunca se desanimó. Él sabía que estaba siguiendo al profeta de Dios y no era el momento de rendirse.

Eliseo siguió a Elías hasta el río Jordán. Mientras los dos hombres contemplaban el río caudaloso, cincuenta hombres los observaban desde lejos.

Elías tomó su manto y golpeó las aguas del gran río. ¡Las aguas se abrieron y los dos profetas caminaron sobre tierra seca! Elías le dijo a Eliseo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti”. Eliseo respondió: “Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí”. Lo que pidió Eliseo fue difícil, pero Elías le dijo que podría tenerlo si lograba verlo cuando fuera arrebatado.

Después de esto, ¡te puedes imaginar cuán cerca Eliseo siguió a Elías! Los dos siguieron hablando, cuando de repente, un carro de fuego y unos caballos de fuego aparecieron. ¡Eliseo vio cuando Dios se llevó a Elías al Cielo en un torbellino! Ahora Eliseo estaba solo, pero sabía que el Espíritu de Dios estaba con él.

Eliseo tomó el manto de Elías y se paró en la orilla del Jordán. Esta vez fue Eliseo el que golpeó las aguas y dijo: “¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?”. Las aguas se volvieron a dividir como antes y Eliseo cruzó el caudaloso Jordán. Los cincuenta hombres seguían mirando, así que ¡supieron que ahora el espíritu de Elías estaba sobre Eliseo!

Debido a que Eliseo escogió seguir al profeta de Dios y rehusó escuchar a cualquiera que intentaba detenerlo, el Señor le concedió su petición y ¡le dio una doble porción del espíritu de Elías!

El Espíritu Santo nos guía hoy. Así como Eliseo nunca se apartó de Elías, tú nunca debes dejar al Espíritu Santo. ¡Llévalo contigo a dondequiera que vayas!

¡Oh, puedo imaginarme esta clase de testigo! Un día él salió y vio a Elías. Y él le arrojó su manto encima y lo bendijo, y él mató al buey e hizo un sacrificio, mostrando que para él todas las cosas del mundo murieron, quedando atrás.

Esa es la manera de venir a Dios. Mate todo lo que dejó atrás. Queme todos los puentes. No guarde esa botella para encontrarla mañana; y no guarde esto otro para encontrarlo mañana. Deshágase de eso; quémelo. Amén. Sea un verdadero testigo. Hermano, salga descalzo. Esa es la manera. Discúlpenme por estas expresiones, pero es de la única manera que sé decirlo. Muy bien. Dijo: “Ahora, Ud.—Ud.… Van a ocurrir cosas por aquí”. Muy bien. Noten.

Testigos, 53-0405E

Puedes leer esta historia en 1 Reyes 19:16-21 y en 2 Reyes 2:1-15.

    
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