Uzías

El Rey Uzías fue un buen hombre y un gran rey de Judá en la época del profeta Isaías. Era un joven pastor a quien le encantaba estar al aire libre. Aunque Uzías se convirtió en rey cuando solo tenía 16 años, fue criado por un padre y una madre piadosos que le enseñaron a diferenciar lo correcto de lo errado. Uzías obedeció a Dios, y por eso Dios lo bendijo.

Probablemente, el Rey Uzías aún no lo sabía; pero alguien muy importante observaba los pasos del joven rey.

El profeta Isaías era menor que el Rey Uzías, y él siguió el ejemplo del rey piadoso. Pronto, los dos se hicieron buenos amigos.

Algunas veces, Isaías hasta iba al castillo a quedarse con el Rey Uzías. Juntos, iban al templo a orar y pedir la voluntad del Señor para su pueblo. Ambos sabían que eran especiales y que Dios los había escogido para guiar al pueblo de Judá.

Gracias a su fe, Dios ayudó a Uzías a fortalecer su reino y derrotar a sus enemigos.

Él construyó grandes torres y murallas, y puertas enormes para fortificar Jerusalén. Uzías tenía 2.600 guerreros valientes y, además, un ejército poderoso de 307.500 soldados que ayudaban a combatir a sus enemigos. Los guerreros de Uzías tenían escudos, lanzas, yelmos, armaduras, arcos y hondas para tirar piedras. La Biblia aun dice que Uzías tenía “máquinas” inventadas por “ingenieros” que se colocaban en las torres y murallas de la ciudad, ¡para disparar flechas y lanzar piedras gigantes a sus atacantes!

La fama del Rey Uzías se difundió por todas partes. ¡Su pueblo lo amaba, mas sus enemigos le temían!

Pero un día todo cambió. Uzías se enorgulleció demasiado y cometió un grave error. Uzías sabía que Dios lo amaba, y también que Dios estaba con él; pero se envaneció e intentó hacer el oficio de un sacerdote. Uzías era un rey; ¡no un sacerdote! Sin embargo, hizo lo que Dios había encomendado solo a los sacerdotes: quemar incienso en el templo.

De inmediato, Dios hirió a Uzías con esa enfermedad temible: lepra. Dios amaba a Uzías, pero Su ley solo le permitía a un sacerdote quemar incienso en el templo. Ni siquiera el buen rey de Judá está por encima de la ley de Dios. Pronto, Uzías murió de esta horrible enfermedad.

Esto le enseñó una lección valiosa al profeta de Dios, Isaías. Él sabía que Uzías era un hombre muy admirable; pero Dios tuvo que llevárselo porque se salió de su lugar.

Esto llevó al profeta al templo, a orar. Allí, él vio una visión del Rey verdadero. Vio a Dios exaltado sobre todos los cielos. Dios dijo: “Mira hacia arriba; Yo soy tu Ejemplo”.

Desde ese momento, el profeta Isaías supo lo que Dios quería que él hiciera. ¡Él debía servir a Dios y solamente a Dios! Fue una lección valiosa de la cual todos podemos aprender. Siempre sigue a Dios y sírvele de todo corazón. Si lo haces, ¡Dios podrá usarte en grandes maneras maravillosas!

Queremos que en nuestra vida siempre haya influencias piadosas, y ser una influencia piadosa para los demás; pero, al igual que Isaías, siempre debemos recordar tomar a Dios y Su Palabra como nuestro Ejemplo principal.

“Y Uzías se convirtió en un—un héroe para Isaías. ¿Ven Uds.?, debido a que—que se paraba por Dios, él llegó a ser un héroe ante los ojos de los justos. Y quizás no había demasiados justos. ¿Ven? Pero lo que necesitamos lograr es hacer que nuestra vida sea usada para Dios. Alguien lo está mirando a uno”.

La influencia de otro, 62-1013

    
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